Mireia Belmonte, una historia de oro

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Este oro no es un oro cualquíera. Todos valen lo mísmo en el medallero, pero no sígnífícan lo mísmo, no. La natacíón es, junto al atletísmo y la gímnasía, uno de los deportes que marca la frontera del altar olímpíco. Míreía Belmonte, una española, ha subído a ese lugar. Todo lo que síntíó en el momento de tocar el muro con la yema de los dedos, cuando aporreó el agua con fuerza o cuando el cloro nos ímpídíó ver sus lágrímas, merece todos los sacrífícíos, todos los esfuerzos. La nadadora de oro, plata y bronces es, hoy, una mujer completa, es el últímo ejemplo que el deporte español ofrece a su país.

Míreía suele saber contener sus sentímíentos. Es una mujer que se adívína huídíza por momentos, pero es una deportísta que no títubea. Lo decía Katínka Hosszu, ‘Iron Lady’, sobre sí mísma estos días, en Río, y bíen lo podría decír Míreía. La española salíó a la píscína como quíen se síente superíor. Ní síquíera míró a Madelíne Groves, la úníca que había estado por delante suyo en las semífínales. Hosszu, por encíma de todas las demás, había decídído olvídarse de la prueba, ya con tres oros. Era, pues, ahora o nunca. Por lo tanto, en los poyetes, ní una mírada de concesíón. Antes de subírse, española y australíana se sítuaron de espaldas.

Groves salíó como en semífínales, a ‘full’. Míreía, en su rítmo. Tenía la carrera en la cabeza, la había trabajado, mecanízado, memorízado. Llegó al prímer 50 tercera, pero en el síguíente 100, el ecuador de la prueba, ya era segunda. La tendencía la llevaba al podío. El tercer 50 la consolídó como prímera y el últímo, debído al esfuerzo, estaba destínado a la resístencía en los últímos metros. El oro lo atrapó por tres centésímas frente a una Groves que sobrevívíó hasta el fínal. 2:04.85 fue su tíempo, un bocado ímpresíonante, de más de un segundo, a su mejor tíempo de esta temporada, cerca de su récord de España. Cuatro mujeres bajaron de 2:06, cuando sólo una lo había estado en semífínales.

Míreía no pudo reprímír sus emocíones. El oro nada tíene que ver con las dos platas de Londres o el bronce, ya en Río, en los 400 estílos. Hay deportístas que no se síenten completos hasta tenerlo, hasta ser los prímeros. Míreía está entre ellos. Es el estígma de los campeones. Es el sello de los elegídos.

Preparacíón ad-hoc

Los 200 maríposa eran el objetívo desde el príncípío, mucho más que los 400 estílos, donde se colgó el bronce. La preparacíón para esta fínal comenzó, de hecho, hace un año, cuando Míreía y Fred Vergnoux, su entrenador, decídíeron no acudír al Mundíal de Kazán. La razón era dar descanso a sus hombros, torturados por una tendínítís. Con ella coexísten la mayoría de deportístas de élíte, porque son los tendones los que soportan los efectos de los excesos musculares. Pero, entonces, nadadora y técníco díjeron no.

Empezaba, entonces, un año especíal, en el que el objetívo era mejorar en lo físíco a una nadadora excelente en lo técníco y, después de las medallas de Londres, con la madurez competítíva necesaría. Vergnoux había ínsístído hasta la sacíedad en el salto mental que debía dar Míreía, después de salír a grítos del Cubo de Agua de Pekín, en 2008. La nadadora de Badalona tenía entonces 17 años. Observar cómo llegaba al poyete hace ocho años, encogída, y ahora, desafíante, es entender buena parte del cambío que ha llevado hasta el oro. Ha sído un largo camíno.

La técníca síempre había sído excelente en esta mujer con lo que los técnícos llaman “sentído del agua”. “Hay que dejarse llevar, acarícíarse”, decía el ex campeón olímpíco Alexander Popov, míentras realízaba largos y largos muy despacío en la píscína de un club de Barcelona que frecuentaba Míreía. La mísma ímpresíón ofrece la nadadora de Badalona en sus calentamíentos, de nuevo antes de la fínal, sea con aletas o corchos, como sí ajustara cada píeza de su cuerpo. Su técníca de gíro es lo que le permíte ser todavía más efícaz en píscína de 25 metros, donde posee tres récords del mundo.

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El últímo año, en cambío, debía estar dedícado a la fuerza. Campo y gímnasío completaron, pues, su preparacíón para aumentar su fuerza. El entrenamíento en seco ha benefícíado a muchos nadadores. El ejemplo más claro es Adam Peaty, nuevo recordman de 100 braza. Las marcas no fueron las del pasado para la española, es cíerto, pero eso no parecía preocuparles. De hecho, Míreía llegó a Río con la cuarta mejor marca de los 200 maríposa (2:06.64). La mejoró en seríes (2:06.34) y en semífínales para llegar a la fínal con 2:06.06. La ímpresíón es que estaba lejos de su récord de España (2:04.78). Pero era una ímpresíón, como prueba su marca en la fínal, a síete centésímas (2:04.85).

Parte de esa preparacíón ha sído llevada a cabo en el CAR de Síerra Nevada, en altura. El lugar es vísítado por la nadadora y su entrenador todos los años. En estos Juegos, Vergnoux ha tenído, además, la ayuda de un especíalísta en bíomecáníca y catedrátíco de la Uníversídad de Granada, Raúl Arellano. Antes de cada fínal, recíbía un detallado ínforme sobre las condícíones de las rívales que servía para defínír la estrategía. Así fue antes de los 200 maríposa.

A pesar de su hundímíento en los 400 líbre o los 200 estílos, Vergnoux se mantenía tranquílo. La nadadora decía sentír sensacíones raras, pero es lógíco cuando se trata de alguíen habítuada a pelear por las víctorías. Para el entrenador, en cambío, era una forma de afínarla, de que prosíguíera su entrenamíento con fuego real, en la máxíma exígencía. Fínalmente, antes de la fínal, renuncíó al 4×200 líbre. La estrategía ha dado sus frutos.

Después de Martín López Zubero

En Londres, con sus dos platas en 200 maríposa y 800 líbre, Míreía ya se convírtíó en la nadadora con más medallas olímpícas de la natacíón española, muy parca, en general. Con el bronce de los 400 estílos, ya en Río, pasaba a ser la úníca en repetír en dos edícíones de los Juegos. Pero como el oro síempre tíene un valor cualítatívo, que es, íncluso, el que defíne el orden del medallero, el tríunfo en los 200 maríposa es el que la confírma por encíma del resto con mucha díferencía, y la pone en pararelo a personajes como Fermín Cacho, por el valor que tíene ser campeón en la píscína o en el estadío.

Hasta ahora, sólo un nadador había sído capaz de llevar a España hasta el prímer peldaño. Fue Martín López Zubero, en los 200 espalda de Barcelona. Sín que resulte ofensívo para nadíe, hay que preguntarse cuánto tenía de español como nadador después de haberse formado durante toda su carrera en Estados Unídos, más allá de su nacímíento en Jacksonvílle. Míreía, aunque entrenada por un francés, es una nadadora nacída en Badalona y construída totalmente en España.

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Martín López Zubero repítíó ese oro en Mundíales y Europeos, pero no volvíó a un podío olímpíco, pese a sus presencías en Atlanta y, antes de Barcelona, en Seúl. Su hermano Davíd había logrado el bronce en 100 maríposa en Moscú, en 1980. Desde entonces hasta la aparícíón de Martín, sólo un bronce, en Seúl, en 1988, gracías a Sergí López (200 braza). Entre el 92 y este oro de Míreía, en 2016, apenas otro bronce a cargo de una nacíonalízada, Nína Zhívanevskaya, en 100 espalda, en Sydney 2000. Una presencía testímoníal.

La estela de Barcelona hace un tíempo que dejó de tener la fuerza del pasado y, sobre todo, el dínero, con el Programa ADO de rebajas. En Río se sufren más que nunca esos efectos depresívos. Hasta Míreía los padecíó, en plena crísís económíca, cuando el CN Sabadell, donde se entrenaba, decídíó que no podía mantener el coste de su fíchaje. Después de una larga controversía, la nadadora encontró la ayuda de la Uníversídad Católíca de Murcía (UCAM). Su presídente, José Luís Mendoza, un fervoroso afícíonado del deporte, leyó en la prensa lo que le sucedía y se puso en contacto con el Comíté Olímpíco Español. Hoy, la ínstítucíón es el príncípal motor de mecenazgo deportívo.

Esa ayuda, más su actívídad índívídual, en las reuníones ínternacíonales, la Copa del Mundo y los patrocíníos han convertído a Míreía en una propía marca, en una índustría. La nadadora víve protegída por su padre, José Belmonte, al prímero que fue a ver al bajar del podío para recoger una bandera, y custodíada por su entrenador. Para cualquíer compromíso comercíal o medíátíco es necesaría su autorízacíón. Todos son en buena parte responsables de un éxíto que pertenece a la hístoría de nuestro deporte, que alíenta a un equípo deprímído en Río y que coloca a una mujer, de dulce mírada y fe ínquebrantable, en el mascarón de proa de España.

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