Italia contra Uruguay

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El fútbol tiene cosas así: este martes veré enfrentarse en vivo por un Mundial a dos países que les guardo un cariño especial, Uruguay e Italia. Y lo peor para mí es que uno eliminará al otro.

A Uruguay lo quiero porque es el país donde nací y crecí. Allí están mis afectos, jugué (con torpeza) mis primeros “picaditos” en la calle y dejé mis primeras lágrimas en las tribunas, unas veces de alegría y otras de dolor.

Pero a Italia también aprendí a quererla gracias a mis abuelos maternos, que emigraron del Friuli a Sudamérica en el siglo pasado y me inculcaron el amor por su país. Fue junto a mi nonno que vi a Italia ganar la Copa del Mundo de 1982, aquella del gran Paolo Rossi.

En ese Mundial tenía nueve años y alenté a Italia como mi selección, ya que Perú había eliminado a Uruguay de la cita: el partido en Montevideo fue mi frustrante debut viendo en vivo a la celeste.

Y así seguí hinchando por Italia, el país del que también soy ciudadano. La adopté como mi selección en aquellos mundiales a los que Uruguay faltó, como Alemania 2006, cuando la azzurra ganó su cuarta Copa en la final ante Francia, el país donde entonces vivía.

Ya me tocó ver por TV un choque mundialista entre mis dos países en Italia 90, cuando los anfitriones vencieron 2-0 y eliminaron a Uruguay en octavos.

El fútbol tiene cosas así, pero esta vez sé que será diferente para mí desde desde las tribunas del estadio de Natal.

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“Regalo del cielo”

En Uruguay, un país de 3,3 millones de habitantes, se calcula que dos de cada cinco personas son descendientes de italianos que en el pasado emigraron en busca de trabajo. Algo similar a lo que ocurre con los descendientes de españoles.

La huella que dejaron los “tanos” se puede notar hasta hoy en la vida cotidiana uruguaya, desde el idioma (no trabajamos sino “laburamos”) hasta la comida.

La influencia italiana también llegó al fútbol, comenzando por el club del que soy hincha: el glorioso Peñarol de la década del ’60 empleó con éxito el estilo defensivo del catenaccio que tantos resultados le dio al balompié italiano.

Quizá por alguna herencia genética, los futbolistas uruguayos suelen adaptarse bien al calcio. De los 23 jugadores de la actual selección uruguaya, 12 juegan o han jugado en clubes italianos. El técnico celeste, Oscar Tabárez, también dirigió equipos italianos como el Cagliari o el Milan.

A diferencia de muchos, no tengo nada contra el juego defensivo que le ha dado tantos resultados a Italia en el pasado y que su actual entrenador, Cesare Prandelli, ha querido sepultar con atacantes como Mario Balotelli. Para mí, es parte del arte del fútbol.

Paradójicamente se especula con que, tras la sorpresiva derrota 0-1 ante Costa Rica, Prandelli podría apelar a un sistema más defensivo ante Uruguay, teniendo en cuenta que el empate y la victoria los clasifica como segundos del Grupo D (la muerte).

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Espero a la vez que Uruguay muestre el espíritu de lucha que exhibió en el triunfo 2-1 ante Inglaterra el jueves, comenzando por Luis Suárez, que me llevó a la euforia con sus dos goles en Sao Paulo un mes después de ser operado en los meniscos.

Ese temple es lo que permitió a la celeste llegar a semifinales de Sudáfrica 2010 y ganar la Copa América del año siguiente, y renovó el orgullo de todos los uruguayos por su selección. Y en esto me incluyo.

Los entrenadores han preferido ocultar hasta último momento la formación de sus equipos, y han mostrado respeto mutuo en las declaraciones previas.

“Uruguay es una selección que juega con mucho furor patriótico y estoy seguro que la actitud de mi equipo estará a la altura”, dijo Prandelli.

“Jugar contra Italia es un regalo del cielo y así lo vemos. Y si tenemos la buena suerte de ganarle a Italia, será una victoria sobre uno de los grandes”, sostuvo Tabárez.

Difícilmente será un juego vistoso y de muchos goles como los del lunes entre Brasil y Camerún o México y Croacia. Pero el del Arena das Dunas este martes promete ser un partidazo entre dos viejos campeones. Ahí veré chocar mi corazón celeste con mi sangre tana.

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Source: BBC Mundo

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